Pulsar

Se observa el extracto de una acción, de la cual no conocemos el inicio ni tampoco su culminación. Se encuentra, por tanto, en un momento contingente; en una fluctuación perpétua e inesperada de la cual no puede escapar. A pesar del esfuerzo empleado en la conclusión del acto, el sujeto se sabe falto de la maquinaria necesaria para tal fin. Enclaustrado pues en la invariable consecución de un acto inviable, el espacio antes cómodo se torna asfixiante; y la certeza de dar por concluido lo iniciado, asintótica. Se establece un recorrido circular y fragmentado; una deriva controlada donde lo pretérito determina lo consecutivo.

De este modo, Reyes y Padrón emplean el zootropo (mecanismo precursor de la imagen en movimiento tal y como la conocemos hoy día) como elemento ilusorio para poder reproducir la metáfora citada. Su disposición entre superficies que muestran características propias de lo litúrgico, hace que el conjunto asuma un tono sacro; elevando así un acontecimiento (lo reproducido) aparentemente anodino y forzando la aproximación a esta pieza empleando otras lecturas cuanto menos paradójicas.

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